QUIZÁS

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Prof. Blanca Caraccia

Quizás sería importante pensar en el futuro de nuestros chicos y jóvenes, haciéndonos cargo de que éste es el mundo que les dejamos.

Quizás debamos hablarles mucho más de lo que está ocurriendo en los tiempos actuales, no sólo en nuestro país, sino en el mundo todo.

Quizás nos puedan objetar que es tan grave lo que está sucediendo, que de todos  modos ellos no podrían hacer nada para remediar tal descalabro.

Quizás haya que  pensar que si nosotros  sus padres, docentes, no abordamos la problemática, ellos se irán acostumbrando a esta sociedad injusta, violenta, inhumana, contra la cual muy poco o nada se puede hacer en pos de modificar ese estado de indefensión que pareciera ser, no solo irreversible, sino aun peor, que involuciona hacia un franco deterioro, y que las grandes organizaciones humanitarias y/o religiosas, en sus mejores intentos por enfrentar la tarea, parecieran fracasar, sin dejar de reconocer el esfuerzo que realizan para lograrlo, como por ejemplo la intervención permanente de nuestro líder católico el Papa Francisco.

Quizás podamos comprender que la pobreza, la violencia, la injusticia y la inhumanidad en el mundo en general y en nuestro país en particular, como digo en el párrafo anterior, avanzan a pasos agigantados y, en cambio, la currícula y los programas  de los niveles primarios y secundarios de nuestro país poco y nada  abordan estos temas trascendentes para el género humano. Mientras nuestros chicos deben estudiar la prehistoria, la historia de Roma, Grecia, el descubrimiento de América, tal vez el concepto genérico de Capitalismo, Socialismo o Comunismo, lo hacen desde un mandato impuesto por esa currícula que normalmente no interpone opinión o debate alguno, con las excepciones de docentes que si entienden este peligro de deterioro de la humanidad que acaece al mundo, pero, por regla general, no tocan ni rozan, siquiera superficialmente, ese concepto ni del de justicia social, donde basta advertir el hecho que 80 multimillonarias fortunas son mantenidas por el trabajo y la pobreza del resto del mundo.

Quizás comprendamos que ante esta pobreza de información con que cuentan nuestro chicos y jóvenes, ellos irán aceptando este nivel cada vez más grande de inhumanidad como algo natural, porque esta es la información histórica que han recibido, y la escuela les enseña que éste es el mundo y hay que aceptarlo tal cual es, porque no es posible cambiar el paradigma.

Quizás ellos serán profesionales o trabajadores resignados a esta feroz sociedad violenta, cruel, despiadada, inhospitalaria, integrada por pocos que tienen mucho y muchos que padecen y no tienen casi nada y entonces el mundo seguirá profundizando con naturalidad el crecimiento de la pobreza, el racismo, la violencia, la violación de los derechos humanos, el perfeccionamiento de las guerras con armas cada vez más mortales, la contaminación del medio ambiente y el quiebre del  cuidado  de la naturaleza.

O, quizás, sea el momento de pensar qué papel juega nuestro deseo y lucha como padres y docentes para ayudar a la generaciones que tenemos a cargo, para  que tengan un futuro mejor, qué consejos, qué charlas y qué cambios urgentes de currícula, reforma educativa, cambio cultural, es necesario propiciar, para que, desde nuestra humilde “aldea” que es nuestra querida Argentina, reconozcamos y profundicemos las acciones de los gobiernos nacionales y populares, que iniciaron ese camino del cambio del paradigma cultural y nos dejaron derechos humanos impensados en otros tiempos y que deben ser el punto de partida para más y mejores derechos que debemos conquistar y defender, en beneficio nuestro, en beneficio de la humanidad.

 

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