Avenida Constitución. Vista desde una vereda europea

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Por Esteban Pablo Soroeta

La conservación del patrimonio, por dos carriles bien diferenciados de principios del tercer milenio. Bajando por la rambla hasta la explanada del casco antiguo me topo con una taberna del 1500 en Alicante, la ciudad que es cuna del turrón español. Algunas cervezas se habrán tomado allí, pienso, en los útlimos 500 años.

Sin tanto relumbre del siglo de oro, pero con un envidiable pasado romano y árabe, en Estepona, pueblito paradisíaco de la Costa del Sol andaluza, me voy al bar de un irlandés, Tom. Sin prisa pero sin pausa voy drenando una media pinta. Lo mismo hacen Danny, un amigo rumano, y Sally, una dama inglesa. De repente, el barman del trebol rompe la monotonía de medianoche y me muestra una placa que recuerda a Bobby Sands y los otros nueve fallecidos en la huelga de hambre de los nacionalistas norirlandeses de 1981.

Rebobino. Salto el charco, con las doce horas de vuelo en avión y los doce mil kilómetros de distancia. También a comienzos del siglo XXI. Mar del Plata. La avenida Constitución,  la avenida del ruido en los ’60 del siglo XX. De ruido hay poco. Es una mañana soleada de invierno. Probablemente con la desolación de los domingos tras la agitación de un sábado a la noche. El pasado me asalta. Pero de otro modo.

El letrero de Matokos está incompleto en un muro de piedra. Hace más de 30 años que está así. Sunset sobrevive con cincuentones nostálgicos de glorias añejas. Tazz no logró hacer pie tras el cimbronazo del corralito y es un cadáver fresco sin la suntuosidad de lo que era Enterprise, otro ilustre finado. De Summer Time queda solo el cartel. Solo algunos boliches diminutos permanecen a base de cumbia y cerveza barata. Constitución en el año 2002, del ruido a la ruina.

Ya en noviembre de 2015, aterrizo en el barrio de nuevo. Para ir a Caisamar tengo que ir por Constitución. El paisaje esta cambiado. Confieso que no lo reconozco. Estoy más perdido que si el DeLorean de Marty Macfly hubiese llegado a El Palomar de Morón. ¿Qué es esto ?. ¿ Dónde estoy ?. Farmacias gigantes con enormes hileras de gente para comprar de todo. Locales de ropa. Gráficas, pinturerías, vinerías. Restaurantes y cervecerías llenas. La última vez que vi un negocio gastronómico con las reservas agotadas en la avenida Constitución fue La Cantina Don Genaro en 1980. Todos los puestos de los alfajores más reconocidos y las cafeterías más tradicionales también dicen presente y con abundancia de clientes. Corralones de materiales, colosales concecionarios de autos. Polirrubros repletos. Nuevos supermercados que le disputan sin complejos la competencia a las marcas más asentadas.

Y para mayor asombro, si voy por Tejedor o Estrada el panorama es igual. Se lo que sufrió Mar del Plata. Se que siempre lideramos imbatibles la desocupación nacional. Se del exilio masivo de marplatenses a Europa. Veo estas calles y más que la emoción me embarga un profundo alivio. Es noviembre, para diciembre se vienen tiempos de cambio. No veo que haya distancia entre el discurso y la realidad. Pongo la firma a una frase que no discuto. La década ganada. Y bien ganada que fue. Brindo por esos años en los que no estuve. Termino la birra, respiro tranquilo, la cuenta está pagada.

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