La Argentina “Stand by”

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Vito Hugo Amalfitano

Por Vito Hugo Amalfitano

“Hoy la Argentina se libera, construye su destino, empieza a construir su independencia. Los compromisos con el Fondo Monetario son como una hipoteca que uno tiene sobre sus propiedades (…) Hoy los argentinos tenemos decisión soberana, somos los argentinos lo que construimos nuestro destino”.

Pocos días después de decir esto, el 3 de enero de 2006, Néstor Kirchner canceló en un solo pago la deuda que la Argentina mantenía con el Fondo Monetario Internacional por más de 9800 millones de dólares.

Nunca creí que iba a escuchar ni ver eso de un presidente de la Nación en Argentina.

Lo dijo Néstor Kirchner cuando anunció que le pagábamos todo al FMI para que se termine la dependencia con los organismos internacionales.


Crecí leyendo y escuchando el término “stand by”. “Préstamos Stand by” del FMI. No sabía que significaba. Era un pibe, entrando a la adolescencia. Le pregunté a mi viejo, que la tenía clara. Y me lo explicó con palabras simples. Es como si te dieran un préstamo para hacerte una casa pero no podés usar ni el gas, ni el agua, ni la luz, ni tocar sus instalaciones… La casa es tu garantía y no solo tenés que tenerla diez puntos para entregarla cuando no puedas pagar, sino que se la tenés que dar con menos gastos que antes. Préstamo “stand by” era y es: yo te presto, pero la política económica la decido yo: y tenés que privatizar las empresas públicas (en realidad, dárnoslas a nosotros a precio vil, al poder económico internacional), bajar salarios y jubilaciones y gasto público en obras, flexibilizar el trabajo, despidos, etc. No solo me tenés que entregar el país sin gastos. Sino que tenés que entregarme un país vencido, que no compita, que solo podamos exprimirlo aun más. No solo es condicionar la política económica para asegurarse cobrar, deuda e intereses, sino, y sobretodo, para disciplinar, para que estos países que “necesitan” esos préstamos no puedan sacar la cabeza, no puedan competir en el concierto internacional con quienes realmente comandan el mundo.

Eso era un “préstamo stand by”. Crecí resignándome a que, en nuestra condición de país dependiente, esto era inevitable. Algo parecido a lo del “no supe, no quise, no pude”, de Raúl Alfonsín, al que admiré, pero que, ya con más razonamiento, advertí que no había ido más allá. Porque no supo, no quiso o no pudo.

Crecí con la convicción de que eso era inevitable. También, mientras tanto, que era irreversible la impunidad de los responsables del genocidio que con Raúl Alfonsín se había empezado a juzgar pero que luego quedaría sin condena ni castigo por leyes del perdón e indulto.

Un día, tras la crisis terminal, el eterno retorno de Cavallo y el enésimo “préstamo stand by”, con megacanjes y blindajes incluídos, llegó un presidente de la Patagonia que saltó la línea de lo posible. Un día bajó los cuadros, al otro día se reanudaron los juicios, al poco tiempo los genocidas empezaron a morir en cárcel común. Y un día, en 2005, Néstor Kirchner anunció que nos desligábamos del Fondo Monetario Internacional. Que le pagábamos todo lo que le debíamos y les pedíamos, “amablemente” que se retiren. Fin de los “préstamos stand by“. Lo que parecía inevitable se transformaba en posible.

A partir de ahí la mayor quita de la historia financiera mundial, el mayor desendeudamiento, un crecimiento de las variables a la par de un paulatino mayor bienestar de los argentinos. Néstor nos sacó del infierno con decisiones fuertes, contundentes, impensadas.

Y llegó Cristina para ganar derechos nuevos. Asignación Universal por Hijo, fin de las AFJP (que habían sido justamente una imposición del fondo), más jubilados, más asalariados beneficiados, paritarias siempre por encima de la inflación, Fútbol para Todos, Progresar, Procrear, Matrimonio Igualitario, recuperación de Aerolíneas Argentinas, Arsat, vuelta de los científicos del exterior, millones de puestos nuevos de trabajo.

Cristina terminó su mandato con un acto el 9 de diciembre de 2015, inédito para la historia argentina y con escasos antecedentes a nivel mundial, con un millón de personas en Plaza de Mayo. Increíble para un presidente saliente. Más en Latinoamerica.

Cristina dejaba un país “incómodo” para quienes la sucedieran. Ella lo había anticipado. Un país con más derechos ganados por la sociedad. Un país desendeudado, con 7% de desempleo, con capacidad de consumo plena de los argentinos. Teníamos el descaro de poder comprar celulares, televisores, autos, aire acondicionado. Y los subsidios para los servicios públicos, contra lo que hoy se vocifera, eran menores en porcentaje a los de los países centrales.

Si eso era “una fiesta”, ¿qué necesidad de cortarla? ¿O preferían un pueblo en sufrimiento? Era una “fiesta” que pagábamos nosotros eh, religiosamente, con nuestro trabajo, nuestros impuestos y nuestro consumo interno. Sin deberle nada a nadie. Sin Fondo Monetario Internacional. Sin “préstamos Stand by”.

Todo lo que vino después, está muy claro ahora,-aunque lo habíamos anticipado mucho antes del “cambio”-. fue una crisis provocada.

Si nos retrotaemos al 9 de diciembre de 2015, aun con correcciones para hacer, todas las variables económicas cerraban, y para bien de la gente. Hoy, dos años y medio después, hay una Argentina literalmente fundida, que se endeudó de repente a 100 años, pero que no invirtió nada de esa deuda en el país. La industria está destruída, se terminó la sustitución de importaciones, las tarifas son impagables, los precios “por las nubes”, muy por encima de las paritarias a la baja. Y los dólares que nos prestaron se fueron por la canaleta de la bicicleta financiera. Vino Isidoro Cañones y empezó a pedir dólares y tirar dólares. Ese despilfarro innecesario es el que estamos pagando. Esa es la verdadera “fiesta” de la que nos estamos haciendo cargo.

En dos años y medio fundieron un país que estaba en marcha. Se pudieron endeudar groseramente, nos endeudaron asquerosamente, por el “colchón” de la “pesada herencia”, porque eramos un país desendeudado. Hoy la economía les explotó por los aires. O la hicieron explotar. Para que ganen los mismos de siempre y pierdan los mismos de siempre.

Pues entonces, si el país era aquel hasta el 9 de diciembre de 2015, y hoy es este dos años y medio después, la ecuación es simple. ¿Estás mejor o peor que con Cristina?.

Si la ecuación es simple, la oposición que no la entiende o no la quiere entender no es realmente oposición. Es funcional a este camino de entrega. Cristina Fernández de Kirchner es, lejos, la que tiene más votos entre todos los “opositores”. Y la única que no tiene jefes, que no deja condicionarse por las corporaciones y el poder económico. ¿Cristina es el pasado?. Sí, claro, el pasado reciente, el que todos recordamos, el tiempo en el que fuimos felices. Cristina es, efectivamente, el país que fue posible sin deuda, con tarifas pagables, con salarios dignos, sin condicionamientos internacionales. Cristina, entonces, es, también, Volver al Futuro. Ella es la única que puede terminar con La Argentina “Stand by”, tal como ya lo hizo Néstor después que a este pibe le parecía imposible cuando le preguntaba a su padre.

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